jueves, 25 de abril de 2013

Reseña. NÚÑEZ BELTRÁN, Miguel Ángel (coord.): Synodicon Baeticum II : constituciones conciliares y sinodales del Arzobispado de Sevilla. Vol. II. Siglos XIX-XX, Universidad de Sevilla, 2012.

NÚÑEZ BELTRÁN, Miguel Ángel (coord.): Synodicon Baeticum II : constituciones conciliares y sinodales del Arzobispado de Sevilla. Vol. II. Siglos XIX-XX, Universidad de Sevilla, 2012.

Ha sido un auténtico descubrimiento este segundo volumen de la Colección "Synodicon Baeticum". Descubrimiento como filósofo y amante de las Humanidades, ya que se antoja como un instrumento válido para la investigación del gran ámbito de las Ciencias sociales y Humanidades.

Si en el primer tomo I se recogieron y analizaron los concilios y sínodos de Sevilla de los que conservamos sus actas o su noticia documentada, desde el año 590 hasta el año 1604, en esta ocasión, después de un largo período de más de 300 años, a finales del siglo XIX se inicia una nueva y rica etapa en la celebración de Concilios Provinciales y Sínodos Diocesanos dentro de la archidiócesis de Sevilla. 

Se trata de una etapa que coincide con un importante proceso de cambios ideológicos que afectaron tanto a la historia universal como a la española. Por tanto puede afirmarse en cierta manera que estos Concilios y Sínodos se corresponden con hitos relevantes en el devenir histórico universal, de tal forma que la Iglesia sevillana, siguiendo las pautas de la Iglesia universal, intenta darles respuesta con el fin de orientar a los católicos ante los grandes retos que la sociedad contemporánea presenta. 

Este volumen en concreto aborda el estudio de tres Concilios Provinciales y dos Sínodos Diocesanos de la archidiócesis de Sevilla. En primer lugar se analiza el concilio provincial de 1893, cuando el Cardenal Benito Sanz y Forés se plantea adaptar a la archidiócesis la doctrina del Concilio Vaticano I. Le sigue ya a  comienzos del siglo XX, tras la publicación del Código de Derecho Canónico en 1917, un nuevo concilio en 1924, presidido esta vez por el cardenal Eustaquio Ilundain y Esteban, tiene como objetivo adecuar la vida y costumbres de la iglesia hispalense sobre la base del nuevo marco legislativo-organizativo eclesiástico. Así mismo, en pleno nacionalcatolicismo, el sínodo diocesano de 1943 y el concilio provincial de 1944, convocados por el cardenal Pedro Segura y Sáenz. 

Por último, el cardenal José María Bueno Monreal, padre conciliar en el Concilio Vaticano II, aceptando la doctrina emanada de dicho concilio ecuménico, intenta trasladarlo a su diócesis a través del Sínodo de 1973, el primero en España tras el Vaticano II. 

Uno de los aspectos más interesantes es que el libro ofrece estudios introductorios generales, completados con un índice temático de gran utilidad, de las Constituciones de los Concilios y Sínodos de la Archidiócesis de Sevilla en los siglos XIX-XX, cuyos textos se contienen en un CD adjunto.     

Sevilla, 25 de abril de 2013


 Ignacio Ramón Mena Cabezas. Ldo. en Filosofía.  Doctor en Antrpología

                
Profesor de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Reseña. NÚÑEZ BELTRÁN, Miguel Ángel: El magistral hereje. Huelva, Editorial Onuba, 2008


EL MAGISTRAL HEREJE, DE MIGUEL ÁNGEL NÚÑEZ BERTRÁN

Manuel Garrido Palacios
Academia Norteamericana de la Lengua Española

Miguel Ángel Núñez Beltrán nace en Tórtoles de Esgueva, Burgos, en 1955, se doctora en Historia en la Universidad hispalense con La Oratoria Sagrada, y, según confiesa, es andaluz de adopción. En dos trazos corrige un viejo refrán y lo deja en “Con quien naces y con quien paces”, sin exclusiones. Aparte de su tarea investigadora en la Historia de las Mentalidades y en la Edad Moderna, tras publicar varios libros dentro de este ámbito, escribe su primera novela: El magistral hereje, con la que gana el Premio Onuba 2008, galardón cultural insólito, por único, en estas tierras.

Sus páginas retratan la vida de un personaje caído en desgracia por la intolerancia. Una vez más, es la síntesis de una triste historia. Se trata de Constantino Ponce de la Fuente, de San Clemente de la Mancha, formado en la Universidad de Alcalá, que aparece en “la Sevilla esplendorosa del siglo XVI: uno de los focos del humanismo eras-mista”, con tanta fama de buen predicador, que Felipe II hace que lo acompañe en su viaje a los Países Bajos; tiempo también en el que sobrevuela estas latitudes la larga mano de la Inquisición parando todo latido de renovación religiosa y cultural, y cuya mirada represiva no pierde de vista ninguno de sus brillos. Fruto de tan agudo mirar es su decisión de cortar las alas de su palabra y, de paso, de su existencia, por lo que recluye a Ponce en la cárcel del Castillo de San Jorge en Triana.

La novela de Núñez Beltrán no se queda en narrar literariamente los avatares de su personaje, sino que apunta a una escenificación en la que el temor se transforma en terror y la sorpresa en temblor de muerte. En el capítulo de inicio, tras datar la escena en 1558, dice: “Las huestes del santo oficio irrumpieron en la calle de la Cerrajería y asaltaron, en medio de un gran alboroto, la casa del doctor Constantino Ponce. 

El magistral, con un libro en las manos, no opuso resistencia. Se levantó del sillón y con paso solemne quiso dirigirse a la puerta de una habitación contigua. Un soldado se lo impidió. Constantino se acercó a una estantería de libros para coger algunos, pero la justicia inquisitorial se lo prohibió. Los ojos del doctor Ponce escudriñaron el rostro ruborizado del alguacil, conocido suyo. En ese instante dos de la soldadesca lo sacaron a la calle. La algarabía del público y el silencio impotente del magistral recrudecían la tensión del momento. La severa y pacífica mirada del maestro recordaba a los discípulos los augurios que les había anunciado: el acecho de la Inquisición llevaba al aprisionamiento. 

En la marcha hacia el Castillo de Triana, su figura mayestática, flanqueada por guardia armada, caminaba delante de un gentío que profería gritos contra la Inquisición. En la Puerta de Triana, una segunda guardia frenaba el paso de los adeptos al magistral. La comitiva atravesó el puente de barcas. Trescientos pasos de despedida para los discípulos y de incertidumbre para el maestro. Al entrar en el Castillo se adueñó de él un tormento interior. Sabía que comenzaba un tiempo de interrogatorios sin sentido, de acusaciones veladas, de tortura espiritual, de soledad. Le confortaban su fe y la confianza en sus amigos del cabildo, que conocían su honradez y su rectitud. Pero esto no le ocultaba nubarrones de dudas. Tiempo al tiempo, entre las gentes de Sevilla el espíritu de Constantino comenzaba a abatirse; el entusiasmo se hizo miedo, confusión, aun habiendo promovido antes algaradas ante los muros de Triana. Y no tardó mucho la masa en ponerse de parte de la Inquisición hasta con coplas como esta: “Viva la fe de Cristo / y la Santa Inquisición, / y quemen a Constantino / por perro engañador”.

(Boletín informativo de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, nº 3, diciembre, 2008)


sábado, 15 de marzo de 2008

Reseña. SÁNCHEZ HERRERO, José (Dir.): Synodicon Baeticum I. Constituciones conciliares y sinodales del Arzobispado de Sevilla.-Tomo I: años 590 al 1604. Sevilla, 2007. 187 págs. + 1 CD.

SÁNCHEZ HERRERO, José (Dir.): Synodicon Baeticum I. Constituciones conciliares y sinodales del Arzobispado de Sevilla.-Tomo I: años 590 al 1604. Sevilla, 2007. 187 págs. + 1 CD.

La sugerente lectura de este libro me lleva a trazar la unidad de todas las Ciencias Sociales. Tanto los estudios religioso-teológicos, como los filosóficos e incluso los jurídicos. Es una iniciativa sumamente interesante. Con este libro se inicia una serie de publicaciones que proyecta editar las constituciones sinodales de todas las diócesis andaluzas (“Synodicon  Baeticum”), en la que participarán autores de reputado prestigio. 

En este tomo se estudian y trascriben los concilios y sínodos que se celebraron desde la época hisponovisigoda hasta el siglo XVII, que son los siguientes: los concilios provinciales presididos por los obispos San Leandro y San Isidoro (años 590-619), el celebrado en 1490 por don Diego Hurtado de Mendoza, cardenal-arzobispo de Sevilla y, ya en los años del Antiguo Régimen, las Constituciones sinodales del arzobispo Diego de Deza (1512), las del arzobispo Cristóbal de Rojas y Sandoval (1572-1573), las del Cardenal Rodrigo de Castro, arzobispo de Sevilla (1586) y las de Fernando Niño de Guevara, cardenal–arzobispo de Sevilla (1609), añadiéndose algunos datos y noticias sobre algunos otros concilios provinciales y sínodos celebrados durante todos estos años de los que no se conservan sus constituciones o sólo algunos pequeños fragmentos de las mismas. Los textos íntegros de las citadas Constituciones se hallan en el CD que acompaña a libro.

En este libro, junto con las Introducciones, tanto de la colección como del presente toma, se incluye la trascripción anotada de la Razón sumaria de los Concilios celebrados en la ciudad de Sevilla, de Cristóbal Báñez de Salcedo, del siglo XVII, cuyo texto inédito hasta ahora, se lleva por primera vez a la imprenta. Es indudable la inverosimilitud de la existencia de la mayor parte de los concilios o sínodos que en esta obra se citan, sacadas muchas de ellas de los “falsos cronicones”, pero también contiene noticias sobre aquellos que realmente se celebraron. 

Le siguen las respectivas introducciones y estudios de cada uno de las Constituciones trascritas, en las que se analizan las circunstancias de la convocatoria, se indican las copias que se conservan de las actas y la que se utiliza y se expone brevemente su contenido, así como las noticias sobre aquellos que tales Constituciones se han perdido y, finalmente, una relación de la bibliografía utilizada y un índice temático, onomástico y toponímico, que facilitará el estudio del rico contenido de esta colección de cánones de la iglesia de Sevilla.

Barcelona, 15 de marzo de 2008

Joan Zapatero i Ballesteros. Profesor jubilado
Licenciado en Historia. Licenciado en Teología. 

Licenciado en Estudios Religiosos.